Sobre este episodio
A propósito de San Valentín y de los titulares de los diarios de hoy hay que tomarlo con tranquilidad y llamar la atención de lo fácil que es enamorarse del éxito o de las personas a quienes consideramos exitosas. Lo digo luego del boche del novato Isiah Pacheco que aclaró ayer que es puertoriqueño y que quien era dominicano era su bisabuelo. No es la primera vez que pasa ya lo tuvo que hacer en décadas pasadas la tenista Mary Joe Fernández a quien la prensa deportiva de entonces insistía en decir que era dominicana cosa que ella negó cuando se cansó de que le preguntaran. Como si al deporte y al arte dominicano le faltaran glorias propias una parte de la sociedad expresada en los medios anda buscando gente de cualquier lugar y con vínculos con la media isla para atribuirle la condición de dominicano. Y pasan cosas como esta. Los medios que construyen la historia no reconocen los valores de la cotidianidad y es la cotidianidad la que construye una idiosincrasia y con ella una cultura. Las cosas que hacemos todos los ´días estemos donde estemos es lo que nos hace ser o sentirnos dominicanos o no. Mientras Isiah Pacheco aclara que no es dominicano hay más de dos millones de personas en el mundo que lo son y no tienen que hacer ninguna aclaración. Son dominicanos con este o cual acento y acomodan su dominicanidad a cualquier entorno como hacen los inmigrantes del mundo entero. El apreciado Rafael Chaljub se quejaba en su artículo de esta semana de porqué el símbolo asumido de la dominicanidad que es “plátano power” lleva una palabra de lengua inglesa y la respuesta es evidente porque hay dos millones de dominicanos a quienes el plátano, el mangú y los tostones les construye una identidad común. Esta madrugada veía un video con millones de vistas en youtube en que un dembowsero mostraba la ría del Ozama y sus precariedades y pienso que ahorita aparecerá alguien que se ofenderá porque los millones que han visto ese video ya conocen de la marginalidad urbana de Santo Domingo. No les preocupa que exista sino que se conozca esa otra cara de la moneda que es también dominicanidad. Las nuevas plataformas de comunicación que no están controladas por una empresa o varias empresas locales han destruido el muro de silencio que durante siglos arropó la cultura de los pobres y marginales. Alguien dijo que la historia la escriben los ganadores y hay que decir también la construyen quienes pueden dedicar tiempo y recurso a escribir la historia. En esta época la historia queda registrada en pleno, gústele a quien no le guste lo que pasa en la 42 o en la ría del Ozama que antes quedaba como subcultura ahora trasciende gracias a Youtube o Tiktok, y quienes ven esos videos en cualquier lugar del mundo tiene una idea de quienes somos que no es la que ha sido construida desde el poder. Apuesto peso a cachimbo de tusa que los políticos conservadores que andan decidiendo qué es dominicano y qué no, se van a montar en esa guagua en los próximos meses y si lo dudan busquen las tendencias de la publicidad comercial.